Hace mucho tiempo que no escribo nada personal, años
incluso. Siempre me ha gustado dar mi opinión sobre las cosas, tanto materiales
como películas, libros o series; e intangibles como sentimientos, sensaciones,
pensamientos.
Este último aspecto lo abandoné al principio por falta de
tiempo. Mi vida en Salamanca me aportó muchas, muchísimas cosas positivas, pero
también mitigó mi lado más “personal”. Mucha gente por conocer, muchas
experiencias que vivir y también mucha carga estudiantil me hicieron dejar al
lado tanta lectura y reflexión.
Hace un año más o menos volví a tener ganas de escribir,
cuando me encontraba en León. Se avecinaba una época de cambios a los que
intenté resistirme con todas mis fuerzas, pero al fin y al cabo no dependía de
mí. Eso me entristecía mucho. Siempre me ha gustado tener las cosas bajo
control. Hace tiempo leí que lo único constante en la vida es el cambio, y es
algo que nunca he llevado bien. ¿Por qué tienen que acabarse las etapas si uno
está disfrutando tanto de una? Además empezaron a aparecer otro tipo de
problemas (y también fue el momento en el que retomamos en serio el contacto, ¿te
acuerdas? ;D). Quizás sea un pensamiento un poco infantil, pero me hubiera
gustado prolongar mucho más allá de lo que ha sido mi etapa previa.
Pues aunque en aquel momento tuve ganas, nunca encontré el
momento adecuado. Siempre me ponía excusas, y es que en verdad me daba miedo el
tono deprimente con el que sabía que iba a escribir. ¿Consideras escribir una “liberación”
cuando no te gusta lo que sientes y llevas dentro?
Ahora que estoy en casa con más tiempo libre que en
bastantes meses, volví a sentir el picorcillo de la escritura. Hace tiempo me
pediste que te definiera con una palabra y te ofendiste un poco cuando elegí perdido.
Ahora elijo esa palabra para mí, pues me siento un poco sin rumbo y con
opciones en el camino que no sé decidir. Sé que tengo que sentirme afortunada
por lo que he conseguido, no ha sido nada fácil, pero sigo echando más en falta
lo que he tenido y me falta que lo que puedo llegar a tener. Siempre he sido
una chica nostálgica y es difícil cambiarlo.
Confío en ser un poco luciérnaga e iluminar mi propio
camino. ¿Hay alguna manera para evitar tomar decisiones erróneas? Quizás no haya una opción correcta (como tan acostumbrada estoy en los
exámenes) sino que simplemente tenga que elegir una senda y sacar todo lo bueno
de ella.
Lo que sí me he dado cuenta es que independientemente de mi
elección, me gustaría seguir contando contigo. Como dijiste en la anterior
entrada, a veces no sabemos qué imagen proyectamos en otra persona; pero yo sí
sé reconocer que me gusta lo que la tuya saca de mí. Un lado de mí un poco
escondido, un poco huidizo, soñador y solitario que no se siente a gusto siendo
compartido con mucha gente. Me gusta poder hablar prácticamente de cualquier
cosa, durante un tiempo infinito, quitarnos las palabras de la boca porque
siempre tenemos algo que decir.
A veces tu luz es tan brillante que alimenta la mía. No
dejes que la pierda por las sombras presentes, por favor, y prometo iluminar
más adelante como un fuego vivo.