>

jueves, 23 de marzo de 2017

Luces pasadas y sombras presentes

Hace mucho tiempo que no escribo nada personal, años incluso. Siempre me ha gustado dar mi opinión sobre las cosas, tanto materiales como películas, libros o series; e intangibles como sentimientos, sensaciones, pensamientos.

Este último aspecto lo abandoné al principio por falta de tiempo. Mi vida en Salamanca me aportó muchas, muchísimas cosas positivas, pero también mitigó mi lado más “personal”. Mucha gente por conocer, muchas experiencias que vivir y también mucha carga estudiantil me hicieron dejar al lado tanta lectura y reflexión.

Hace un año más o menos volví a tener ganas de escribir, cuando me encontraba en León. Se avecinaba una época de cambios a los que intenté resistirme con todas mis fuerzas, pero al fin y al cabo no dependía de mí. Eso me entristecía mucho. Siempre me ha gustado tener las cosas bajo control. Hace tiempo leí que lo único constante en la vida es el cambio, y es algo que nunca he llevado bien. ¿Por qué tienen que acabarse las etapas si uno está disfrutando tanto de una? Además empezaron a aparecer otro tipo de problemas (y también fue el momento en el que retomamos en serio el contacto, ¿te acuerdas? ;D). Quizás sea un pensamiento un poco infantil, pero me hubiera gustado prolongar mucho más allá de lo que ha sido mi etapa previa.

Pues aunque en aquel momento tuve ganas, nunca encontré el momento adecuado. Siempre me ponía excusas, y es que en verdad me daba miedo el tono deprimente con el que sabía que iba a escribir. ¿Consideras escribir una “liberación” cuando no te gusta lo que sientes y llevas dentro?

Ahora que estoy en casa con más tiempo libre que en bastantes meses, volví a sentir el picorcillo de la escritura. Hace tiempo me pediste que te definiera con una palabra y te ofendiste un poco cuando elegí perdido. Ahora elijo esa palabra para mí, pues me siento un poco sin rumbo y con opciones en el camino que no sé decidir. Sé que tengo que sentirme afortunada por lo que he conseguido, no ha sido nada fácil, pero sigo echando más en falta lo que he tenido y me falta que lo que puedo llegar a tener. Siempre he sido una chica nostálgica y es difícil cambiarlo.

Confío en ser un poco luciérnaga e iluminar mi propio camino. ¿Hay alguna manera para evitar tomar decisiones erróneas? Quizás no haya una opción correcta (como tan acostumbrada estoy en los exámenes) sino que simplemente tenga que elegir una senda y sacar todo lo bueno de ella.

Lo que sí me he dado cuenta es que independientemente de mi elección, me gustaría seguir contando contigo. Como dijiste en la anterior entrada, a veces no sabemos qué imagen proyectamos en otra persona; pero yo sí sé reconocer que me gusta lo que la tuya saca de mí. Un lado de mí un poco escondido, un poco huidizo, soñador y solitario que no se siente a gusto siendo compartido con mucha gente. Me gusta poder hablar prácticamente de cualquier cosa, durante un tiempo infinito, quitarnos las palabras de la boca porque siempre tenemos algo que decir.


A veces tu luz es tan brillante que alimenta la mía. No dejes que la pierda por las sombras presentes, por favor, y prometo iluminar más adelante como un fuego vivo.

lunes, 20 de marzo de 2017

Cómo emitir luz

Me gusta pensar que soy alguien que se fija en los pequeños detalles, pero estoy más que convencido de que debo saltarme muchos de ellos, muchísimos a lo largo del día para no darme cuenta hasta ahora de que incluso yo irradio algo de luz. ¿Te has parado a pensar algún momento qué proyectas al mundo, en los demás? 

A veces me da miedo pensar que la imagen que arrojo en los otros no es la mía propia. Que nadie me conoce de verdad. Más de una vez he intentado abrirme, pero puede que las palabras no hayan sido las más precisas o la otra persona tuviese otra forma de pensar y no haya podido lograr llegar a esa luz que también desprendía pero que no podía ver claramente. 

Nos ensuciamos a propósito. Nos cubrimos de capas para pasar desapercibidos, porque no queremos destacar porque nos conformamos con poder ir subiendo, vivir una vida tranquila y ser felices. 
Siempre he detestado el concepto de felicidad. Es como una meta autoimpuesta que nunca llega, porque no es algo físico, no es un número del calendario, son, como bien sabes, un puñado de momentos, de personas, de sentimientos. 
Estoy seguro que más de una vez eso ha sido suficiente, ha llegado la noche y te has sentido plena. Seguro que has acabado diciéndote a ti misma que el día había sido tal y como te imaginarías un sábado perfecto. Pero luego esa luz se extingue con nosotros. Lo hace, la mayor parte del tiempo porque se esconde en lo más remoto de nuestra alma. Suceden cosas inesperadas, nos rompen poco a poco y nos lleva siglos recuperarnos de las batallas más duras. Pero que no te engañe toda esa oscuridad que te rodea, pues todas las cosas que te hicieron sonreír una vez te hacen más grande, más fuerte, más auténtica. 

Siempre he tenido esa idea en la cabeza de que necesito que el mundo sepa que he estado aquí. Dejar una huella, algo que me identifique, algo que ayude a mejorar a los demás, al mundo, aunque sea de la manera más diminuta posible. 

Creo fuertemente que una de nuestras misiones es la de acompañarnos mutuamente. De ayudar a encontrar el camino mientras tú encuentras el tuyo propio. Sé que todo esto suena casi como la charla de los domingos de un sacerdote en plena misa, pero la verdad es que me resultaría bastante pobre transitar por la vida sin poder ser parte de algo más.

Ya te lo habré dicho millones de veces y seguramente no te lo tomes como algo serio, pues la distancia en el tiempo hace ver las cosas menos importantes y con la nostalgia de una mente más joven e inocente, de quien no sabe muy bien el porqué hacía lo que hacía. 
Considero, en parte, que en ti encontré un rayito de luz, que conservé y lo guardé para mí, como una amistad cómplice, como un secreto que sabes que si lo cuentas puede llegar a detonar en cualquier momento. 

Como decía, me gusta pensar que me fijo en los pequeños detalles y querría poder ayudar a aquellas personas a las que considero importantes a estar bien, ya no te hablo de felicidad ni de luces sagradas, si no que escuchándolos, regalándoles unas palabras, una tarde, cualquier cosa que podría parecer estúpida de entrada, pueda llegar a arreglar todo aquello que otros rompieron y que solos vais reuniendo pieza por pieza. 

Como persona que ama la soledad en su justa medida, que la entiende y la mima más de lo que deberían permitirme, me apetece compartirla lo justo, para que los demás, para que personas como tú, luciérnagas en el día y en la noche, no se pierdan durante mucho tiempo en ella.

Así que te regalo esta cabaña, para que vengas a brillar de vez en cuando; y que cuando te vayas, vuelvas con la luz apagada; porque tan solo necesitan fijarse en ti para ver que no es necesario encender nada más.