A veces me contradigo, puesto que no tengo claro qué pensar
sobre ti ni qué hacer ahora. Quería poner cierta distancia emocional, pero a la
vez me desbordas de tal manera que tengo que plasmarte sobre el papel (o sobre
la pantalla más bien) para tener cierta paz mental.
Me preguntaste qué esperaba de la visita. Como no podía ser
de otra manera, tenía varios planes e ideas en mente (soy la reina del control
de la situación!), con sus consecuentes variables de cómo se podían ir desarrollando
las cosas. Estaba a la expectativa de cómo íbamos a comportarnos, de la
comodidad, complicidad y cercanía que creía (deseaba) poder tener tras tanto
tiempo a distancia.
Estos meses han sido de mucha reflexión, pero también de
cierta huída de mis sentimientos. Una ruptura no deseada, un estancamiento
académico, una sensación de no pertenecer a ningún lugar. He tenido mucha
comodidad y tranquilidad sentimental durante largo tiempo y eso puede que me
haya pasado factura. Volver a desear estar en otro tiempo y otra ciudad.
Claroscuros emocionales. Reencontrarme con la música, volver a llorar sin saber
muy bien porqué, sentirme madura e infantil a la vez.
Corrígeme si me equivoco, pero tengo la sensación de haber
sido auténticos, sin florituras ni miramientos. Simplemente nosotros, reales,
de verdad. La conexión existe, es un vínculo irrompible. Tenemos la gran virtud
de poder parar el tiempo a nuestro antojo, de hacer que 7 años no sean
distancia. Nunca es tarde para ponerse al día, reírse con el (y un poco del) otro,
averiguar verdades y mentiras durante horas sin mayor motivo que conocernos de
verdad.
Aún tengo pendiente procesar muchas cosas, y mi listas de
pros y contras (y claro que ha habido contras! No eres perfecto, así que no te
lo tengas tan creído ;D) pero ahora mismo sólo me sale decirte que gracias.
Gracias por estos días, por estos recuerdos, por permitirme volar contigo y
acariciar mis pensamientos. Por dejarme ver lo que piensa tu cabecita. Por esas
sonrisas y esas reflexiones que me complican tanto tener paciencia.
Las ciudades me transmiten mucho, ya lo sabes, pero las
personas todavía más. Barcelona no hubiera sido tan especial si me la hubiera enseñado
alguien que no fueras tú. Eres mi persona favorita, así que no dejes que pase
tanto tiempo para volver a vernos, ¿vale? Tenemos todavía muchas cosas
pendientes (¡y la pulsera no es nada más que el comienzo de ellas!)